Cerillas en la noche: Los Coronas+Imelda May+Muchachito

By 14 junio, 2017Sin categoría

El 8 de julio en el Festival del Castillo de Aínsa un menú triple, un banquete que incluye al renovador de la rumba, Muchachito, a los poetas del instrumental fronterizo, los inigualables Coronas y la dama del pantano, la inmensa Imelda May. Abran los oídos e hidrátense, porque los pies pedirán líquido y entre el tímpano y el cerebro no hay nadie escuchando: metales y maracas, tengo cerillas suficientes para prenderle fuego al mundo, ¿Se animan y me acompañan?

Los Coronas: ahí viene la plaga

Todavía siento el temblor, ¿cuántos discos de los Coronas te llevarías a una isla desierta? La verdad, ninguno, no sé muy bien dónde conectaría el tocadiscos. Rehago la pregunta: ¿Y a un guateque? Pues según, ¿hay soda? Hombre, si es un guateque de verdad…

Subirse a la aguja de los Coronas y montado sobre sus surcos, recorrer la historia del rock y del pop: los Salvajes bien pintados de negro, los Brincos bailando flamenco, la melena silenciosa de Gregg Alman, el orgullo de las trompetas y las percusiones que nunca se atrevieron a probar los Beatles, Jorge Ilegal bailando Sixteen Tons mientras trasiega coñac junto al fantasma de José Guardiola, los Teen Tops sin Enrique Guzmán y el Santo haciendo los coros, mambo para diabéticos, balada tétrica y suburbial. Un toque marciano suficiente como para que uno pondere la opción de subirse al contrabajo y volar al espacio exterior en busca de los besos más extraños de la galaxia.


Chavales, los apaches han llegado y se van a llevar todas las cabelleras.

Imelda May: cuando el vudú falla

Imelda ha pasado del animal print a la gasa negra. De los amores tatuados a los círculos de fuego. Mutante y bella, escuchen su historia:

En el comienzo, la frase era: “”Amor, deja que te ame”.En matemáticas la doble reflexión de un punto lo devuelve al original: el crepúsculo de una corista rebelde de Jerry Lee Lewis, la sapiencia de Debbie Harry enseñando a Jessica Lange a cantar Gods&Monsters y la Lange devolviéndole el favor en Videodrome. Ya no quedan ukeleles cargados de tinta que llamen a los sueños, ahora todo es ceniza atrapada en la garganta.

Ama a Imelda, ámala porque ella mezcla espirituales paganos, se enjuaga el pegajoso zumo de limón que es Nueva Orleans y tiene algo de la pureza del Northern Soul con afinación de John Fitch. En la marmita también ponemos una pizca de Linda Ronstadt cantando My funny Valentine y para el salvajismo de la pantera, elijan: la Simone o Nico. Las dos valen.

Hoy Imelda detiene las lágrimas en la frontera, hoy la gasa no arde y no hay humo en la distancia. Gastemos nuestras últimas monedas en el susurro final de la belleza.

Muchachito: ¿Qué mala suerte la mía?

En el comienzo fue el bombo y la brocha en directo, después el ventilador 2.0 para dejarnos a todos tiritando. Tiritando voy, tiritando vengo y todavía saco tiempo para montar unos Travelling Wilburys pasados por Silvio y San José de Arimatea. Cuando la banda del hotal ha dejado de tocar malos covers, el Muchachito se anima con el aguardiante y la afinación quebrada, un crooner desabrochado que vuelve tambaleante del baño mientras Tomasito le convence de hacer una versión del Máquina de baile de Joe Crepúspulo. Eso sí, bien pasado por los Amaya: ¿Quién el bueno, quién el feo, quién el malo?

Ahora Muchachito vuelve con Jiro, emplatando juntos el chimichurri del Río de la Plata, sifón y vermú de grifo en honor a Xavier Cugat y un poco de pesto del Missisipi.

Pero que no falte pringá…

que no todo el mundo nació

rumbero intelectual.