Mark Lanegan, el pacto con el demonio

¿Cómo se va de Seattle al infierno? ¿En qué cruce de caminos pillaban el material? ¿Lucifer cantaba blues con una guitarra de dos dólares? ¿Dónde dormiste la otra noche?

Los djinn tienen todos las caras arrugadas, como Tom Waits o Mark Lanegan y el sonido sale desde el estómago hasta convencerte de pedir tres deseos. Luego, prepárate.

Mark Lanegan es un superviente, de las guitarras ácidas, del opio y del blues, un mito fronterizo que gasta su paga en velas para todos los dioses. En la palma de la mano queda la marca que le dejó Mississippi John Hurt y el corazón lo tiene atravesado por la cicatriz por la que bebía Isobel Campbell.

Mark Lanegan te gustaba en los noventa aunque no conocías su nombre, porque su alma estaba detrás de las cintas de cassette que ponías una y otra vez en el caluroso verano del 96. El mismo de Les Arcs, el mismo en el que se marcharon los hermanos Angulo. Luego él se cansó de ti y de todo, amó las cuerdas, engañó al demonio y le vendió una más entre las almas, una que encontró abandonada en un motel camino del I encuentro anual de adoradores de la Virgen del Pantano.

La guerra de las tarántulas, el espíritu atrapado, el tipo que aguanta el dueto con Nick Cave en The Weeping song (¡Oh, Blixa Bargeld! ¿en qué calle de Berlín te podré encontrar?), uno más en el club (en el de Jeffrey Lee Pierce, el Gun Club)…su último disco une al fantasma con la radio, a la Santa Muerte con Texas y deja a las gárgolas esperando el mañana.

¿Te gusta lo áspero, lo elegante? ¿Sobrevives a las décadas por imposición divina? ¿Sigues esperando el advenimiento de Morfeo? Más folk que la vida, más mítico que un demonio babilónico repartiendo flores de amapola. Ámalo u odiálo. Para Lanegan es lo mismo.

Toda la info del concierto aquí: Mark Lanegan en Las Armas