MEZCLA EXPLOSIVA DE THE EMPIRE CAT EN LA OASIS

By 19 noviembre, 2016Gira, Sin categoría

La noche de ayer oscilaba entre el fresco y el frío, y en todo caso se hacía necesario un golpe de calor. Existían mantas propiciatorias en la miel de Emily Lubitz, cantante de los teloneros Tinpan Orange, que desde ayer noche propongo, como a Alondra Bentley, para nueva musa del romanticismo en este tercer milenio tan 2.0. Folk australiano y sutilezas en una formación que ya por la dulzura, ya por el tempo, sentí como un pequeño homenaje a Leonard Cohen.

Se apagaban las luces y una Oasis hasta la bandera entraba en punto de ebullición ante un escenario todavía vacío. La cosa prometía. Poco a poco se fue llenando de gatos imperiales al ritmo de un bombo y un charles. Brazos en alto, exclamaciones laudatorias y pancartas de bienvenida en un febril gallinero. La banda se echó al respetable a la espalda y se vino arriba sin más dilación. A esas alturas, ¿acaso podían ya hacer otra cosa?

Fue interesante ver cómo se turnan dos miembros a las labores de frontman. Felix Riebl se decanta por las canciones más pop, las que contienen un feliz hit de los de anuncio de cerveza en una playa llena de gente juvenil y muy actual. Cuando Riebl no canta, toca la percusión y se pone a la labor Harry James Angus, atacando los temas que tienen un poso más racial, más europeo del este, con influencias gitanas o ribetes arabescos (lo que no deja de chocar en una banda que viene de Australia). La combinación, esa alternancia, es perfecta. Da los puntos justos de frescura y de raíz a una música que precisamente busca un mix en lo que hace.

Y ahí tenemos una base caribeña en una gran parte de los temas. Buenas raciones de reggae, percusión y solos de Ollie McGill, un virtuoso teclista que pasaba con velocidad de crucero del tumbao más sabrosón a delirios jazzísticos y progresivos. Por momentos me parecía estar oyendo a Alpha Blondy y a ratos tenía en mente a Emerson, Lake and Palmer. Presencié también solos de trompeta áridos como Sinaloa en un club humeante de Chicago. Esos son los músicos que escriben la Música con mayúsculas.

El espectáculo se servía solo por el mero hecho de estar dentro de las canciones, pero una banda que exhuda buen rollo siempre ayuda. El público botó, coreó, aplaudió y fue feliz. ¿Qué más queremos? Muy fácil: que este imperio se siga extendiendo.

The Cat Empire

The Cat Empire